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La falsa crisis de la previsión social

Domingo 5 de junio de 2005

...Una verdadera crisis tributaria es inminente: la de la atención médica. Estados Unidos posee uno de los sistemas más ineficientes en el mundo industrializado en esta materia, con costos más altos per cápita que cualquier otra nación y uno de los peores resultados en términos de salud. Una de las razones por las cuales el sistema es tan ineficiente es que es privado...

Por Noam Chomsky*

Los asesores del Presidente Bush ya han ganado el debate sobre la previsión social, al menos en el corto plazo.

Bush y su subjefe de gabinete, Karl Rove, han triunfado al convencer a la mayoría de los estadounidenses que existe un grave problema con la previsión social, lo que abre el camino a los planes del Gobierno destinados a reemplazar el sistema de pensiones públicas con cuentas privadas.

La población está asustada, así como lo estuvo con la inminente amenaza de Sadam Hussein y sus armas de destrucción masiva.

La presión política se agrava debido a que los líderes del Parlamento de Estados Unidos esperan redactar la legislación referente al seguro social el próximo mes.

Es importante recordar que el sistema de seguridad social estadounidense es uno, en cuanto a pensiones públicas, de los menos generosos en el mundo desarrollado, según un nuevo informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

La Administración de Bush quiere “reformar” el sistema de previsión social; en otras palabras, quiere desmantelarlo. Una extensa campaña llevada a cabo por los medios de comunicación y el Gobierno ha inventado una “crisis tributaria” que no existe. Cualquier problema verdadero que podría surgir en el futuro se podría superar con la implementación de medidas superficiales, tal como subir el tope de los impuestos regresivos a los ingresos.

La historia oficial dice que los “baby boomers” -la generación de posguerra- se convertirán en una carga mayor para el sistema debido a que el número de personas trabajando en relación a los ancianos disminuirá, lo que es verdad.

Pero, ¿qué pasó con los baby boomers cuando tenían entre cero y 20 años? ¿No eran las personas que trabajan las que los cuidaban? Y, en esos días, esta era una sociedad mucho más pobre.

En la década de los sesenta, los cambios demográficos generaban problemas, pero jamás una crisis. El crecimiento se solucionaba con un fuerte aumento en la inversión en las escuelas y otros establecimientos para niños. El problema no era enorme cuando los baby boomers tenían entre cero y 20 años; entonces, ¿por qué será un problema cuando tengan entre 70 y 90?

La cifra clave es la razón de dependencia entre las personas que trabajan y la población. Esa razón alcanzó su valor más bajo en 1965, valor que no se repetirá hasta 2080, según los cálculos de la Administración de la Previsión Social. Las proyecciones a tan largo plazo no tienen sentido.

Por otra parte, cualquier problema tributario que podría surgir a causa del cuidado de los “boomers” ancianos ya se resolvió en 1983, cuando aumentaron los impuestos a los ingresos, una política formulada con ese objetivo específico. Cuando el último “boomer” haya fallecido, esta sociedad será mucho más opulenta, con cada trabajador produciendo mucho más riqueza. En otras palabras, la crisis ya pasó. Todo lo que está por venir se puede resolver con alguno que otro ajuste.

En tanto, una verdadera crisis tributaria es inminente: la de la atención médica. Estados Unidos posee uno de los sistemas más ineficientes en el mundo industrializado en esta materia, con costos más altos per cápita que cualquier otra nación y uno de los peores resultados en términos de salud. Una de las razones por las cuales el sistema es tan ineficiente es que es privado.

Sin embargo, la “reforma” del sistema de atención médica no se ha incorporado a la agenda. Al parecer, enfrentamos una paradoja: la verdadera y muy grave crisis tributaria no existe, y esta falsa crisis requiere de una acción radical, a fin de socavar un sistema eficiente que en realidad es bastante sólido.

Los observadores racionales buscarán diferencias entre los sistemas de previsión social y de atención médica para explicar la paradoja. Las razones son simples: no se puede atacar un sistema de salud que está bajo el control de compañías de seguro y multinacionales farmacéuticas. El sistema está protegido, a pesar de que genera tremendos problemas financieros, al margen de los costos humanos.

La previsión social es de poco valor para los ricos, pero es esencial para la supervivencia de los trabajadores, los pobres, sus dependientes y los discapacitados. Y, dado que es un programa gubernamental, sus costos administrativos son tan bajos que no le ofrecen nada a las instituciones financieras. Sólo beneficia a la “población subyacente”, no a los “ciudadanos sustanciales”, como los define la cáustica terminología de Thorstein Veblen.

El sistema de salud, sin embargo, funciona muy bien para aquellas personas importantes en un sistema donde la atención médica se asigna según la riqueza, y donde una administración sumamente ineficiente genera tremendas ganancias para el capital privado. El resto de la población debe conformarse con sermones sobre la responsabilidad.

Hace poco, el Congreso estadounidense promulgó una reforma relativa a la bancarrota que subyuga aún más a la población subyacente. Casi la mitad de todas las declaraciones de bancarrotas personales en Estados Unidos se deben a facturas médicas.

Existe un desequilibrio entre la opinión y las políticas oficiales. Al igual que en el pasado, la mayoría de los estadounidenses prefieren el sistema de seguro médico público. Según una encuesta efectuada en 2003 por el “Washington Post” y ABC News, un 80% de las personas consultadas considera la atención médica universal como “más importante que el control de los impuestos”.

La previsión social se basa en un principio sumamente peligroso: a usted le debería importar si la viuda discapacitada que vive al otro lado de la ciudad tiene o no suficiente comida para alimentarse.

Los “reformistas” de la previsión social prefieren que usted se preocupe de maximizar su propio consumo de bienes y subordinarse al poder. Así es la vida. Preocuparse de terceras personas y hacerse responsable a nivel comunitario de asuntos como la salud o la jubilación es una actitud profundamente subversiva.

© The New York Times Syndicate


*Noam Chomsky es profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachussets y su más reciente publicación es “Hegemonía o supervivencia: la estrategia imperialista de Estados Unidos”.


La Nación