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El papel de los Intelectuales en el Cambio Social

Viernes 25 de marzo de 2005

Por James Petras

Introducción

Hablar o escribir de “los intelectuales” hoy significa referirse a
una gama de posiciones políticas desde la extrema derecha
(neoliberales, neoconservadores), pasando por el centro derecha (social
liberales), al centro izquierda (socialdemócratas), hasta la izquierda
revolucionaria (Marxistas). Dentro y fuera de estas categorías
políticas tenemos una gama de ecologistas políticos, feministas,
homosexuales, e identidades raciales y étnicas.

Además estos intelectuales políticos se localizan en diferentes
escenarios institucionales, algunos son líderes de ONGs (organizaciones
no gubernamentales), otros se encuentran en la Academia, mientras que
otros se dedican a ser “intelectuales públicos”, periodistas,
profesores, asesores sindicales, líderes de partidos, teólogos y
escritores independientes.

Para los propósitos de este trabajo quisiera centrarme sobre los
intelectuales de centro izquierda (CI) e izquierda revolucionaria (IR),
puesto que estos grupos son los que están más directamente
identificados con el proceso de cambio social progresivo. Los
intelectuales de CI se encuentran en la mayor parte de los escenarios
institucionales, mientras que los intelectuales de IR se encuentran
principalmente entre los “intelectuales públicos” y en las
universidades.

La distinción entre intelectuales de CI e IR está lejos de quedar
establecida en el tiempo. De hecho una de las principales
características de los intelectuales de izquierda es la ‘fluidez’ o
‘movimiento’ entre identidades políticas. El mayor tráfico se da en el
movimiento desde la IR al CI y más allá del centro derecha (social
liberalismo) y neoliberalismo. Las identidades políticas pasadas
resultan pobres para pronosticar las posiciones políticas presentes o
futuras. Hay numerosos exguerrilleros por toda Ibero América que fueron
revolucionarios durante los años 1960 y 1970 pero que ahora son
ministros, senadores y miembros del Congreso neoliberales y defienden
el ejército, el imperialismo, los negocios agrícolas y la contra
insurgencia. Hay pocas, raras, excepciones de intelectuales de CI que
se desplacen hacia la izquierda revolucionaria especialmente después de
los años 1990, sobre todo aquellos que tienen más de 50 años de edad.

Cualesquiera que sean los cambios políticos y sus adscripciones
políticas los intelectuales tienen un papel relativamente importante en
la política, especialmente en Ibero América - bajo ciertas
circunstancias. Los intelectuales por lo general no influyen
directamente sobre la política de masas, ni dirigen u organizan las luchas de masas, a pesar de las reivindicaciones y pretensiones de algunos de ellos.

Los intelectuales son importantes para:
(1) influir sobre líderes y militantes de partidos, movimientos sociales y clases sociales politizadas;
(2) legitimar y hacer propaganda a favor de un régimen, liderazgo o movimiento político;
(3) proporcionar un diagnóstico de la economía, el estado, la política, y las políticas y estrategias imperialistas;
(4) elaborar prescripciones y estrategias políticas y programas para regímenes, movimientos y líderes;
(5) organizar y
tomar parte en la educación política de los activistas del partido o
del movimiento.

En este trabajo me centraré en, y compararé críticamente, el papel
de los intelectuales de CI e IR en proporcionar a los movimientos y
partidos un diagnóstico y prescripciones políticas.

Métodos y Análisis

Nuestro debate se centrará en el papel de los intelectuales de CI e
IR en Ibero América durante los pasados 25 años. Nos fijaremos en dos
líneas de investigación: (a) el papel de los intelectuales reformistas
y revolucionarios con respecto a varios acontecimientos esenciales; y
(b) un análisis crítico de los conceptos de principio elaborados por
los intelectuales de CI e IR.

Hay cuatro acontecimientos fundamentales que debatiremos: (a) Las
“transiciones” del gobierno militar a políticos civiles electos; (b) el
surgimiento de los “nuevos movimientos sociales” de los años 1980
(movimientos de identidad) y los 1990 (movimientos de masas campesinas,
parados e Indios); (c) el ascenso de regímenes de “centro izquierda”
elegidos en el nuevo milenio; y (d) la expansión mundial del capital y
la proliferación de guerras imperialistas.

Los conceptos, que fueron popularizados por los intelectuales de CI,
serán contrastados con aquellos utilizados por los intelectuales de IR.
Esto incluirá un debate de la “transición democrática” frente a la
“transición a la política electoral autoritaria”; nuevos movimientos
sociales “con base de identidad” frente a los movimientos sociales de
clase; y “globalización” frente al imperialismo. En la última sección
del documento evaluaremos el desempeño de los intelectuales de CI e IR
en términos de sus diagnósticos sobre política, sus prescripciones
políticas y las consecuencias para el cambio social.

Intelectuales Reformistas y Revolucionarios: Confrontando los Acontecimientos Clave

Empecemos por observar que durante el período considerado
(1980-2005) la gran mayoría de los intelectuales de izquierda estaban
en el campo reformista; la izquierda revolucionaria era, y se quedó en,
una minoría a lo largo de este período. No es el propósito de este
trabajo analizar y explicar porqué sucedió así; sin embargo no
sorprende dada la enorme preponderancia de académicos universitarios
que ahora integran la mayor parte de la intelectualidad pública.
Nuestro propósito es analizar la importancia y validez de las
posiciones políticas adoptadas por estos dos grupos de intelectuales.

Transición a la Democracia

Los intelectuales reformistas estuvieron profundamente inmersos en
propagar la idea de que el cambio del gobierno militar a políticos
electorales civiles representaba una “transición a la democracia”.
Sostenían que la legalización de partidos, prensa, elecciones y
libertades individuales eran condiciones suficientes para definir la
“democracia”. La izquierda revolucionaria señaló la continuidad de la
estructura de clases, el aparato del estado (ejército, magistratura,
inteligencia y banco central), el modelo económico y el poder de toma
de decisiones por parte de las instituciones financieras
internacionales como determinantes primarios de las políticas
macro-socio-económicas. Los reformistas aceptaron tácitamente el
argumento de la IR de que esas estructuras autoritarias seguían en el
mismo sitio e imponían limitaciones sobre el sistema político pero
aducían que eran posibles “cambios de incremento” y que estos avances
llevarían gradualmente a mayor justicia. Por el contrario, los
intelectuales revolucionarios sostenían que el armazón político
electoral estaba subordinado a las fuerzas institucionales del estado
capitalista y la clase dirigente y era orgánicamente incapaz de
transformar la sociedad o incluso de redistribuir la riqueza y aumentar
el nivel de vida.

Un examen detallado de los 24 años de política electoral de Ibero
América demuestra que todas las suposiciones planteadas por los
intelectuales de centro izquierda a favor de la política electoral como
instrumento para el cambio social han probado ser falsas. En un cuarto
de siglo toda una serie de regímenes políticos de Ibero América ha
fracasado en mejorar el nivel de vida, redistribuir la riqueza,
promover el desarrollo nacional o resolver los problemas básicos de
vivienda, distribución de la tierra, empleo y desnacionalización de la
economía. Al contrario, los regímenes electorales han ahondado y
extendido las políticas regresivas que precedieron a su gobierno. La
tierra y la propiedad han resultado estar más concentradas; la
diferencia entre el 10% más rico y el 50% más pobre se ha ensanchado;
amplios sectores de empresas públicas han sido privatizados y
desnacionalizados; y cientos de miles de millones de dólares han sido
extraídos de los trabajadores y transferidos a bancos extranjeros
pagando la deuda exterior muchas veces.

En todos los aspectos y en todos los países el sistema electoral ha
expresado su profundo carácter de clase - confirmando el análisis de la
izquierda revolucionaria. Todos los “izquierdistas reformistas” que han
formado parte de estos regímenes han acabado aplicando políticas
regresivas y reprimiendo el descontento popular. Está claro que el
diagnóstico y prescripción de la izquierda reformista - respecto a que
había tenido lugar una transición democrática en la que la política
electoral llevaría al cambio social, resultó equivocado y fallido. El
análisis de la izquierda revolucionaria destacando la continuidad del
poder burgués y las limitaciones capitalistas de la “la transición”
mostró ser correcto y justificado.

Nuevos Movimientos Sociales

A medida que más y más intelectuales de izquierdas se dieron cuenta
de que el proceso electoral no llevaba al cambio social, muchos se
volvieron hacia los “nuevos movimientos sociales”. Una vez más se
produjo un debate sobre cual era la composición social y los planes de
estos movimientos sociales. Los ‘reformistas’ - algunos llamados
“post-modernistas” - subrayaron las “identidades sociales” como
opuestas a las definiciones de clase. Durante los años 1970 a 1980 los
intelectuales reformistas declararon que nuevos movimientos con base
“de identidad” habían reemplazado a los movimientos de clase, señalando
a movimientos ecologistas, étnicos, feministas y gay. Los intelectuales
revolucionarios, aunque sin descartar a estos grupos de identidad,
señalaron las luchas de masas de los movimientos de clase con base
étnica y social como CONAIE de Ecuador, cocaleros de Bolivia,
Zapatistas de México y movimientos rurales de clase en Brasil como el
MST, como las fuerzas de liderato de los cambios sociales básicos. Los
intelectuales reformistas podrían señalar cambios limitados que
beneficiaron a sólo unos pocos grupos de “élite” pertenecientes a los
movimientos “de identidad”. En contraste, los movimientos sociales de
clase lograron gran éxito al dar cuenta de algunos cambios básicos, al
derrocar regímenes neoliberales corruptos y bloquear la legislación
regresiva y los edictos Presidenciales. El MST en Brasil basado en la
lucha de clases, forzó la expropiación de millones de hectáreas de
tierra y el asentamiento de 350.000 familias (más de 1,3 millones de
personas) en granjas. CONAIE derrocó a dos presidentes neoliberales;
los trabajadores parados y la clase media empobrecida de Argentina
derrocaron al Presidente De La Rua; los movimientos de trabajadores y
campesinos de Bolivia derrocaron al Presidente Sánchez de Losada en
defensa del petróleo.

La Política electoral y el Centro Izquierda

El debate entre intelectuales reformistas y revolucionarios se
acentuó respecto a la cuestión de la vía electoral como camino
revolucionario hacia el poder político y el cambio social. La inmensa
mayoría de los intelectuales reformistas y la mayoría de los
intelectuales “revolucionarios” apoyaron a candidatos electorales del
“centro-izquierda”, incluidos Toledo en Perú, Gutiérrez en Ecuador,
Lula Da Silva en Brasil, Vázquez en Uruguay y Kirchner en Argentina,
como instrumentos de la reforma social. Una pequeña minoría de
intelectuales revolucionarios rechazó a estos políticos, indicando que
ni estos ni sus partidos estaban ya en la izquierda sino que se habían
derechizado y adscrito al FMI, al neoliberalismo y al ALCA.

Los intelectuales reformistas influyeron sobre los líderes de los
movimientos sociales y sus partidarios masivos para que apoyaran a los
políticos del “centro izquierda”. La izquierda revolucionaria tuvo poca
o ninguna influencia en el momento de las elecciones y en las
repercusiones inmediatas. Los resultados ahora se saben bien: Lula,
Gutiérrez, Toledo y el resto de los reciclados
izquierdistas-convertidos-en-neoliberales ahondaron y extendieron las
privatizaciones, promovieron los negocios agrícolas a costa de los
pequeños granjeros y los trabajadores sin tierras, transfirieron
cientos de miles de millones de dólares a bancos extranjeros, aprobaron
legislación regresiva laboral y de pensiones y promovieron la
explotación del Amazonas a costa de los pueblos indígenas. La
estrategia electoral de los intelectuales reformistas de apoyar al
“centro-izquierda” tuvo consecuencias desastrosas para los movimientos
sociales. En Ecuador, el sindicato de los trabajadores del petróleo fue
reprimido, CONAIE perdió el apoyo de miembros desencantados mientras
algunos líderes fueron cooptados por Gutiérrez. En Brasil, el MST se
desorientó políticamente, sufrió represión y frecuente expulsión de
ocupaciones de tierras mientras las expropiaciones de tierra se movían
a paso de tortuga. En Uruguay, el régimen de Vázquez siguió las
directivas del FMI, promovió la inversión extranjera de los mayores
contaminadores (compañías de celulosa) e impuso a los sindicatos
‘restricciones’ generales de salarios, socavando el prestigio de
líderes sindicales y prominentes reformistas intelectuales de
izquierdas, que lo apoyaron.

Después de meses de brutales políticas neoliberales, muchos de los
intelectuales reformistas que apoyaron originalmente a los partidos
gobernantes de “centro izquierda” se volvieron críticos de los
regímenes criticando las “políticas erróneas” más que siguiendo la
crítica sistemática recomendada por los intelectuales revolucionarios.
Los intelectuales revolucionarios de izquierdas aumentaron su
influencia entre sectores de los intelectuales reformistas
desencantados quiénes reconocieron la validez de su diagnóstico. Las
prescripciones de acción política revolucionaria para el cambio social
recomendadas por los intelectuales de IR comenzaron a resonar en
algunos sectores de los movimientos de masas. Los líderes de algunos
movimientos sociales aceptaron los métodos revolucionarios de lucha
pero no necesariamente las metas revolucionarias.

Globalización o Imperialismo

La cuarta área de debate entre los intelectuales reformistas y
revolucionarios fue respecto a su diagnóstico sobre la naturaleza y
fuerzas motrices del capitalismo mundial. Los reformistas hablaron de
la globalización y la creación de un nuevo orden mundial dominado por
las corporaciones multinacionales (CMN) que transcendía las fronteras
nacionales y al que se oponían “multitudes” desclasadas que se reunían
en “foros sociales” o se manifestaban frente a las reuniones
internacionales de la élite.

Además, el análisis de clase de los intelectuales revolucionarios
era un instrumento mucho más poderoso para la comprensión de la
naturaleza de la resistencia efectiva al imperialismo, que el concepto
amorfo de las ‘multitudes’. Los movimientos de masas de parados en Irak
formaron el elemento principal de la resistencia armada a la ocupación
colonial estadounidense. Los campesinos, trabajadores y parados de
Ibero América proporcionaron el liderazgo para derrotar a clientes
imperiales e impedir la privatización de la electricidad (México), agua
(Bolivia) y puertos (Uruguay). Son los ejércitos con base en gran parte
campesina los que están resistiendo al imperialismo y al neoliberalismo
en Colombia, Nepal y Filipinas. Una vez más los ideólogos reformistas
de la globalización han fallado en proporcionar un diagnóstico adecuado
y sus acciones políticas (Foros Sociales, eventos multitudinarios) han
perdido eficacia, mientras que el punto focal de los intelectuales
revolucionarios sobre el imperialismo y la resistencia nacional y de
clases han ganado amplia aceptación en la medida en que se corresponden
con las realidades.

Conclusión

Los contrapuestos enfoques conceptuales y teóricos de los
intelectuales reformistas y revolucionarios han sido un importante
factor que ha influido en las luchas por el cambio social. Hemos
demostrado que las apelaciones reformistas han sido inicialmente más
influyentes sobre los líderes de movimientos sociales y masas que el
análisis de la izquierda revolucionaria. Sin embargo con el tiempo
hemos encontrado que el diagnóstico, descripciones, predicciones y
prácticas de los intelectuales reformistas han llevado a desastrosas
consecuencias socioeconómicas y políticas. Los resultados reforzaron a
los nuevos regímenes “neoliberales” y sus alianzas con el imperialismo,
y llevaron a la división y la desorientación de los movimientos
sociales. Por el contrario, el diagnóstico y las prescripciones para el
cambio social de los intelectuales revolucionarios de izquierdas
contaron inicialmente con escasa adhesión de líderes populares y
tuvieron poco impacto sobre las masas. Sin embargo, con el tiempo, su
influencia creció, a medida que tuvieron presencia en los movimientos
sociales y raíces en los movimientos de masas y entre los
intelectuales. El problema fundamental con el que se enfrentan los
intelectuales revolucionarios es su aislamiento de la lucha de masas y
su falta de acceso a los medios de comunicación para hacer circular sus
ideas.

Vendrán cambios sociales consecuentes por medio de la vinculación
entre los intelectuales revolucionarios y los movimientos de masas.
Esto requiere luchas sobre reformas inmediatas por medio de métodos
revolucionarios que conduzcan a una lucha por el poder estatal por
parte de organizaciones de clase independientes. Sólo un régimen
revolucionario puede garantizar que los cambios estructurales en las
relaciones de propiedad, la estructura de clase y el estado, sean
irrevocables y sostenidos.


Traducido para Rebelión por Marina Trillo